Porque no debemos olvidar ni poner en duda que éste es el objetivo: salvaguardar los derechos de los empresarios de transporte, aunque se afronte desde ópticas distintas.
Para ello, se adivinan dos caminos: la negociación directa con la Administración correspondiente, que es la vía habitual, y la movilización. La primera de las opciones no siempre consigue llegar a buen puerto, y además, es mucho más lenta; mientras que la segunda, a veces obtiene lo que pretende más rápidamente, pero resulta mucho más compleja de articular y de justificar ante la opinión pública.
Ejemplos actuales
En los últimos meses, el Sector ha vivido distintos episodios y ejemplos de ambas posturas. La más pacífica, en manos del Comité Nacional, y la más beligerante, enarbolada por la Plataforma Nacional de Defensa del Sector. Y ahora mismo estamos en un nuevo capítulo, con el Comité sentado a la mesa, pero exigiendo soluciones concretas en menos de dos semanas (aviso previo al ultimátum que, según viene siendo habitual, será el siguiente paso), y Plataforma anunciando una posible reactivación del paro nacional que puso en marcha hace ahora tres meses.
Pero, aunque sea hilar muy fino, ¿y si la fórmula del éxito está siendo la combinación de ambas posiciones en el tiempo? Porque, sin duda, tener a la Plataforma en la calle facilita o ablanda al Gobierno a la hora de aceptar las peticiones del Comité. Con esto no queremos decir que la movilización en las calles sea una solución: abogamos, que quede claro, por las negociaciones sosegadas. Pero el Ministerio tiene que entender que la situación es crítica para miles de empresas, y que está en su mano poner remedio.
La desesperación nunca ha sido demasiado buena compañera de viaje, y son muchos los profesionales que están llegando a este punto.
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